martes, 12 de abril de 2011

De imposibles y lágrimas inexorables

Qué bueno sería que tú quisieras auscultar aquí dentro, bien profundo.
Qué bueno sería que yo supiera cómo dejarte hacerlo.
Así lo quiero, créeme.
Pero eres tan o más inescrutable que yo.
Hombre, óyeme, qué bueno sería.

4 comentarios:

  1. El fonendoscopio y hasta el ecógrafo están listos. Las ganas de auscultarte no faltan, ¡créeme!

    ResponderEliminar
  2. Se que no soy yo quien debe auscultar, pero si lo fuera lo haría como un ciego, a tientas, sutilmente, con cada sentido en alerta para percibir hasta el mínimo cambio en los sentimientos y emociones. Amiga, qué deliciosa reflexión la que has escrito. Te mando un abrazo

    ResponderEliminar

Te agradezco éste valiosísimo aporte. Ojalá te pases por acá de nuevo.