domingo, 23 de mayo de 2010

miércoles, 28 de abril de 2010

Enrevesado tú




Enrevesado estás, justo allí. Justo aquí.

jueves, 8 de abril de 2010

La faute à toi

Te culpo.
No supiste leerme como era debido. Ni yo se cómo leerme. Qué esperaría pues, si tú no lo haces. Y es que no te dió la gana. Te culpo.
Tú no quisiste escucharme. Y el silencio no es capaz de reemplazarte. Ni yo de olvidarte. Te culpo.
Todo está de cabeza allí en la tuya. No por causa mía. Y todo está de cabeza aquí en la mía. Quiero culparte.
Así te quedarás, total ya te fuiste de mí. Culpado tú. Culpable tú. Para siempre.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Seguimos allí. Sigo allí.



Ella dice no saber cómo. Seguramente no lo sabe. Y mientras lo medita sigue hundiéndose cada vez más en aquel exiguo pero inmensísimo abismo. Eso sí lo sabe, y le resulta inexorable. Quizás ya se rindió. Quizás las ataduras son inquebrantables ya. Pero, ¿cómo no?; si la carencia de sosiego persiste y la desesperación crece, así como la confusión, siempre tan inescrutable. No queda más que sumergirse allí, en aquella ambrosía tortuosa. Ésa inefable que pide pago por saborearla para atragantarse después y quedarse allí, indemne, como un recuerdo martilleador, pero necesario, pues es lo único que resta. Que le resta. Que me resta.