¿Dónde diáblos estás, condenado anónimo?
Me cansé de mirar, si es que alguna vez lo hice. Eso me molesta. Y tú no estás. Eso me fastidia aún más. ¿Cómo es posible saberte necesidad con tanta certeza sin haberte palpado siquiera? Te maldigo.
El repudio es indirecto y alevoso, además de ser animado por la incertidumbre que sólo tú puedes acallar.
Sólo tú, incógnito. Para mi desgracia.
¿O no?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Hmmm...¿Qué guardará dentro?
ResponderEliminar