viernes, 10 de julio de 2009

¿Dónde, ah?

¿Dónde diáblos estás, condenado anónimo?
Me cansé de mirar, si es que alguna vez lo hice. Eso me molesta. Y tú no estás. Eso me fastidia aún más. ¿Cómo es posible saberte necesidad con tanta certeza sin haberte palpado siquiera? Te maldigo.
El repudio es indirecto y alevoso, además de ser animado por la incertidumbre que sólo tú puedes acallar.
Sólo tú, incógnito. Para mi desgracia.
¿O no?

Te lo debía


Para ti, mi gran amiga.
Qué linda armonía se percibe en un momento donde madre e hija están juntas.